AL COMPAÑERO ESTAFETA
Esta extraña sensación de tener mucho por decir y no lograr desembarazar las palabras produce un turbulento fluir de ideas desde que conversamos.
Atorada de letras, me he ido hacia adentro de la existencia redescubriendo los discursos tan callados de mi derecha contraria.
Eres el estafeta que porta el pliego sellado con el último secreto de la vida de la mujer creativa y consecuentemente parturienta de las causas pulidas a concretud de vida.
Dudo de los abstractos eidéticos -no me convencen- de la mirada burguesa del que batalla en un café bohemio y elegante, pero tú has venido de la praxis efectiva, aguerrido y contemporáneo, sorpresivo y preciso.
He quedado pasmada, ahora no sé qué decir.
Cómo se cierran los tiempos, esas volutas inasibles del ser. Tantos años silenciada, subterránea, sumergida en mi propia vida, que de pronto has venido a descubrir la compuerta del discurso que no quise enunciar hace más de dos décadas, porque llegué a pensar que era tiempo de mi propia revolución, y lo hice. Pero trajiste misiva, y sin leerla me abalancé a los aires, pronunciando, apetente, contracciones lingüísticas cazadoras de conceptos libertarios, poéticos y soñadoramente ciudadanos.
Sabía que vendrías. Tú dices que es misticismo, yo digo que es fe.
Sólo es que ahora no sé qué decir.
Guardaré silencio por un tiempo, mientras bullen las sílabas, sustantivos y adjetivaciones dentro de mi; mientras tanto, ten paciencia, no puedo ser más que definitiva.
PALOMA TORCAZA (Chile)
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