miércoles, 29 de agosto de 2012

EL BOSQUE




En un bosque muy cerrado de pinos (pinussilvestris) hay un círculo sin ellos. Dentro de ese círculo, de un radio lo suficientemente amplio para albergar tres troncos de árboles nativos chilenos cortados a nivel de asiento, uno al lado del otro, de manera que sólo las raíces y la escasa altura de una silla es el tamaño de éstos, donde hay un hombre en cada uno. Uno de ellos, al ver a la mujer guerrera se pone en pie y comienza a relatar la historia de sus generaciones, retrocediendo siglos hacia atrás; el otro, a su costado derecho, observa y lee los labios del que relata, porque es sordomudo; y al lado izquierdo del cuentista está el que se dedica a observarlo todo, sin hablar. 

A ella le ha sido mostrado un secreto oculto para muchos, y debe adentrarse en esa espesura. Le llama la atención que el bosque sea de pino y que los árboles nativos de tronco anchos y potentes hubieran sido cortados. Los pinos son dañinos para la tierra, y esos bosques eran artificiales. Emprende camino abriendo brecha por donde pasa, porque es la encargada de abrir senderos para que vengan otros guerreros como ella a tomar territorio. 

Cerca de ese bosque hay una carretera, donde transitan vehículos de alto pesaje llevando troncos, y al borde de ésta, el mar. Pareciera ser la carretera de la costa hacia Coronel (VIII región de Chile).

Pasa el tiempo y ella sigue en la espesura. Se encuentra con distintos tiempos de historia, no sólo en su país; muchas de sus experiencias tienen relación con un lugar de Europa, en un muelle de lago y una casona enorme con una mujer encerrada a la que debe liberar (Francia), lugar similar que se repite en Alemania por una razón social de familia (cosa de cruces de estirpes sociales, que siempre le ha costado entender por su visión de mundo igualitaria). 

El bosque se ennegrece muchas veces a niveles tales que no es capaz de ver sus manos porque la luz del reflejo de la luna no llega a esos lugares, y el sol no alcanza a secar el agua de las lluvias torrenciales. Mucho barro e incluso pantanales que debe sortear, y enemigos invisibles al acecho.

Los lugares se cruzan entre norte y sur, centro y habitaciones de refugio en su país como en el "viejo" continente. Sus más crueles perseguidores estaban vestidos de militares grises, con alta autoridad, que le temían pero la enfrentaban; pero siempre buscó la cabeza de la autoridad para sojuzgar al resto de las huestes que se le oponían, y vencía paso a paso. 

La guerrera se fue agotando de batallas y buscó descanso. Se suponía que vendría relevo, pero nadie la encontró y tampoco la buscaron; estaba sola. Se dejó llevar por falsos oasis y supo que era el tiempo de salir de ese bosque; más fueron las heridas de su corazón que se reabrieron que su cansancio, y retomó fuerzas de sobrevivencia espiritual. Logró encontrar el lugar de los tres troncos cortados, y ya los hombres que los usaban de asiento no estaban; de hecho, el lugar estaba deshabitado desde que ella se había ido por la espesura, y ellos esfumados a un lugar sin retorno del tiempo. Agotada por las batallas, se postra en el tronco del lado derecho (mirando hacia adentro del bosque), y escucha la voz de su Padre que le dice: "Hoy te saco de ese lugar y te llevo a grandes ciudades; te llevaré al norte, y en vez de sangre que clama en el desierto, de tus pies saldrán ríos que lavan el desconsuelo. Levántate y sal de ahí, que hay quien clama por ti y te busca. Hablarás donde te lleve y no cerrarás tu boca". Puesta en pie, como puede, agotada por el peso de la armadura empolvada de barro seco, acomoda su yelmo al costado de su muslo derecho (al izquierdo está la funda de su espada), y sale del lugar. Es la carretera al costado del mar, con las olas que se enroscan amenazantes de ímpetu para ocupar ese bosque que le perteneció alguna vez.


PALOMA TORCAZA (Chile)

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