
A veces la vida,
se convierte en una sucesión
de infiernos repetidos…
La música se eleva
y no nos alcanza.
Quedamos tildados en obsesiones,
conectados al deseo
de un sueño que no pudo ser.
La vida nos pasa por encima.
Sonámbulos detrás de un cristal
con un ramo de flores podridas,
nos encontramos un día…
Deambulando en una casa muy grande
o demasiado vacía…
Sólo la luz que entra por las ventanas,
nos hace darnos cuenta
que estamos vivos…
Y entonces nos preguntamos
¿Qué diablos hago aquí?
Llorando sobre una tumba,
Sin nombre…, sin epitafio.
Hasta que comprendemos que allí,
se convierte en una sucesión
de infiernos repetidos…
La música se eleva
y no nos alcanza.
Quedamos tildados en obsesiones,
conectados al deseo
de un sueño que no pudo ser.
La vida nos pasa por encima.
Sonámbulos detrás de un cristal
con un ramo de flores podridas,
nos encontramos un día…
Deambulando en una casa muy grande
o demasiado vacía…
Sólo la luz que entra por las ventanas,
nos hace darnos cuenta
que estamos vivos…
Y entonces nos preguntamos
¿Qué diablos hago aquí?
Llorando sobre una tumba,
Sin nombre…, sin epitafio.
Hasta que comprendemos que allí,
yacen nuestros sueños quietos,
“y como la muerte no es un final,
podemos salir al umbral,
al encuentro de una vida nueva”
podemos salir al umbral,
al encuentro de una vida nueva”
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