A mi hijo.
pasos en el andar de la vida.
Y como cedro fijó sus raíces
afianzándose a la tierra
que le da su madurez.
Ya no es un niño, mi niño
casi adulto, casi hombre
abriendo está sus alas,
y como águila
buscando la corriente
de aire que lo eleve
y lo sostenga a través
de nuevos rumbos.
Atrás quedan los amigos
también buscando sus rumbos,
aquellos de juergas y secretos
de niños.
No quiere saber de mimos
ni de cuentos, ni de canciones
de cuna...
Adiós, niño de mi alma,
bienvenido mi hijo-hombre!!
ANA BETANCOURT (Venezuela)

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