En Coronel, Chile, a 9 de febrero del 2011, ad portas de grandes decisiones en mi vida, 48 años de profundas convicciones casi todas erradas, de oscurantismos religiosos pseudointelectuales, de arraigadas raíces patriarcales de femineidades que nunca he sido ni seré, de verdosos y altos pastizales sin frutos y desiertos áridos demasiado extensos, hago la siguiente denuncia con indeclinables latigazos a la manoseada instrumentalización de mi corazón de mujer:
- Denuncio que fui enseñada a ver la vida con ojos de madre sempiternamente doliente, envejeciendo los huesos con la amargura de lo que pudo ser, lo incompleto.
- Denuncio que crecí lejana a las otras, aquellas ajenas mujeres que buscaron vivir su propia existencia, sin compasión por mis iguales, creyéndome mejor que ellas por mi obligada castidad guardada a fuerza de represiones culturales.
- Denuncio que miré la masculinidad como agresión latente y permanente, deseando en secreto ser un poco como ellos. Aprendí a temer a mi padre creyendo que los hombres no lloran y no tienen sentimientos, siempre extraños e inaccesibles.
- Denuncio que aprendí a sumergirme en sueños de ideales no sólo políticos. Porque me dijeron que las mujeres no pensamos metafísica sin cerebro masculinizado, me quise llenar de progesterona analítica en defensa de mis propios pensamientos y luché continuamente con razones y caballos alados, héroes de leyendas que venían en mi rescate.
- Denuncio que no aprendí a amar porque no me amé a mi misma, tan abstraida en elementos ancestrales de mater familia.
- Denuncio que nadie me enseñó a re-conocerme cuando debí volver a empezar, me quedé sola lamiendo mis heridas y llorando mis derrotas hasta que me transformé en sabiduría y pude ver el tiempo que había perdido viviendo de apariencias, siempre dispuesta a la necesidad de la familia y nunca a las mías.
Hoy, en mi propia defensa, hago pública declaración de principios por la vida.
Este es el tiempo que me pertenece y lo tomo para mi; lo viviré intensamente, saboreando cada instante como la primera experiencia en cada área, descubriendo el mundo de la mujer completa que aprendió a pararse en medio del camino llevando frutos perfumados, sabrosos y admirables llenos de semillas para sembrar la tierra seca de mujeres y hombres cercanos que no florecen.
Hago pública declaración de principios por empezar de nuevo.
Usaré mi inteligencia sin temor por ser mujer, aunque se levanten contra mi los machos temerosos de ser sobrepasados por ideas revolucionarias que cambian destinos exiguos.
Hago pública declaración de principos por volver a amar.
Liberada el alma de tanta torpeza, de desprendo de códigos tradicionales del ser mujer; que la sociología se haga cargo del análisis de lo femenino, yo me haré cargo de vivir. Encontré un hombre con corazón de niño e iré por él, no esperaré lo que me enseñaron era correcto ni reproduciré lo decente; seré yo misma, la mujer plena que volvió de la tradición, territorio quebradizo e inútil para mi existencia.
HE DICHO.
Son testigos aprobadores los abajo firmantes, para que se publique en todo medio, se dispare a los cuatro vientos ondeando bandera de victoria, porque una mujer brotó en manantiales permanentes y está pariendo embarazos de siglos liberadores:
- Coronel, ciudad en dolorosa resurrección,
- Temuco, mapu rebelde inconquistable si no es amada,
- Mis hijos, el que vino del infinito hasta mi vientre y los traídos por la felicidad de mi infancia (mi hermana),
- Mis amores, aquellos por los que no luché porque no era digno de una dama,
- Mis amigos, guerreros insostenibles en la globalización mafiosa que corroe la historia,
- Mi madre, reproductora inconsciente de errores descritos,
- Mi padre, amor cercano de la niña de siempre y macho agreste para la mujer que crecía,
- Mi hermano, el niño alejado por la costumbre de ser siempre fuerte.
PALOMA TORCAZA (CHILE)

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