
¡Tu risa tiene el sonido de las aguas verdes y frescas del río Bueno escarpando las piedras pulidas de tanta historia!
Cuando te ríes diviso el fondo del torrente conmoviendo los caudales dialécticos de las raíces que entrelazamos en preguntas interminables a los tiempos. Me transporto a las aguas de mi pueblo, y me deshago líquida; me vuelven los recuerdos de la tierra húmeda, oscura de simientes germinativas, el oro de los trigales, la esperanza de los árboles del sur.
Cuando te ríes escucho las cascadas de las montañas de Los Andes, el crépito, el canto y la danza de la lluvia en el invierno; me envuelves en gorjeos de aves aterciopeladas como abrigo que se abraza por el viento.
Tu risa me sabe a aromas de la tierra, a pan del horno de mi madre saboreado entre mis hermanos, recogiendo las migas húmedas de la mantequilla derretida. Me huele a casa, a cobijo, a virilidad de hombreniño. Me recuerda a mi padre con su risa masculina emergente del pecho poderoso que he admirado.
Tu risa me recuerda los tiempos de amores, el llamado de campanas de deseos pretéritos para escribir en futuro conjugado de a dos.
Ríete de nuevo, inventa un motivo, quiero oír el batir de las palmas de los ríos correntosos de donde crecí; quiero escuchar los árboles anonadados de frescura verde del nacimiento perenne de tu voz; quiero ver las siembras de los campos sonrojadas de delirio y estupor al saber que con tu risa florece el desierto inconquistable que he sido hasta que te oí.
PALOMA TORCAZA (Chile)
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