A diario se conectaba en el chat cristiano recomendado por la hna. de su facebook; bien entretenido poder conversar con gente que estaba en la misma frecuencia de fe y creencias, con el uso del lenguaje ciertamente apartheid para los extraños. Se entretuvo un buen tiempo con los intercambios de percepciones doctrinales sobre el pecado y la salvación, que trasciende los parámetros éticos para otorgarle la responsabilidad a satanás, qué mejor; y fue entonces que a raíz de un comentario que lanzó como respuesta, Chilenoenbarcelona le envió un privado.
Nada mal, pastor, casi cincuentón, divorciado (raro en todo caso, pensó), un hijo que no ve desde hace años porque ella, la ex, no lo deja saber del niño, y la mayor causa de su sufrimiento es no poder ser el padre que él necesita (ahora se da cuenta del manejo discursivo genérico en tales casos). Le interesó. La próxima invitación sería más formal dentro de la sociedad virtual: el facebook. Donde pululan las amistades, ex amores, familia y conocidos, a un click de distancia.
Simpático el moreno, hermosa dentadura, chilenísimo siempre, con esa chispa entre niño-hombre que se desarrolla en esta zona del planeta; con razón las hermanitas iban en "patota" a los cultos en el barrio latino de Barcelona donde él predicaba. Entrador, diríamos nosotras. El único punto que restaba hasta el momento era que los niveles de la conversación alcanzaban un techo muy bajo, pero en fin, era un ungido de Dios, no hay que ser tan exigentes tampoco.
De sus amigas, una de ellas, hermana en la fe, mexicana, solicita amistad; qué bien -pensó-, así se comparten más situaciones en común, y la acepta. De paso, ella y su hermana (carnal o natural, es decir, de padre y/o madre). Y la curiosidad mata al gato, dicen, con las preguntas de rigor entre mujeres, que generan sospechas, esa suspicacia perceptiva que internet desarrolla como un sentido adicional a los comúnmente conocidos. ¿Por qué él borra los mensajes más personales de su muro? ¿por qué la hermanita se molesta con él y le enrostra supuestas promesas? Mmmm..., algo raro hay en esto -deduce- y se decide a atacar de frente. Y la hermana de la hermana (nótese que son dos acepciones en una misma palabra), hace lo mismo; mujeres de armas tomar, aunque sea online.
"¿Cuándo es la fecha de tu viaje exactamente, amor?", le escribe desde la capital de Chile ella, mensaje que alcanza a durar no más de treinta minutos publicado en el muro del ungido, porque no estaba conectado en el facebook; y al mismo tiempo la de las acepciones lingüísticas (la hermana de la hermana en la fe), pregunta también en público: "Cuñadito, mi hermana está preocupada por el traje de novia que quiere que tú elijas para cuando llegues; cuál es la fecha exacta de su llegada al DF?", publicación que tarda lo mismo en estar publicada que el de la chilena capitalina.
Y, claro, mensajes internos entre ellas, enterándose de las versiones de la misma historia contada a dos al unísono, las mismas promesas, y oh, la misma fecha de arribo, son la conclusión de la relación de cuarteto familístico de fe que el varón de Dios estaba llevando.
Todo en evidencia, él no supo cómo hacer y pidió su cambio congregacional a un pobrísimo país de Africa; al menos estaba más lejos de las cibergarras de las latinoamericanas ciberdespechadas, y desde ahí retomó las relaciones desde una cabina telefónica. Primero llamaba a la chilena, y después a la mexicana, todo por respeto a la diferencia horaria y para no confundirse. "Ser indio, pero no...", reza el dicho vox populi en el vulgo chilensis, y lograba manejarse con el encanto entre chileno nortino con pinceladas internacionales aprendidas en alguna barriada latina de la Europa de habla hispana.
La chilena, capitalina de la plaza Italia para abajo, con más ímpetu y decisión, escribe al director de la congregación, que es internacional y con una gran red ministerial a nivel mundial, incluyendo Chile. Después de todo, internet hace que el mundo sea efectivamente un pañuelo. Y cartas van, cartas vienen, todo online; los encargados internacionales se deshacen en disculpas, el enamoradizo sudaca también estaba haciendo de las suyas y no precisamente online, también en la congregación, así es que las medidas a tomar serían drásticas. Por tal razón se le envía de "castigo" a Italia (la chilena habría preferido el castigo así para ella, donde dicen que los italianos son excelentes amantes, y ya de amiga con la mexicana, se ríen del enorme sacrificio que el ungido débil en la carne debe realizar a causa de su falta).
Italia debe tener ese aire de romanticismo y palabras de amores que penetran hasta la médula a los seductores, porque el pastorcito de cristianas solas insistía telefónicamente y por tarjetas virtuales a cada una de las prometidas (gratis, claro, incluso las que traen los mensajes incorporados con música de fondo), mientras ellas comparaban los ciberregalos para darse cuenta que eran idénticos -qué poca imaginación-.
Finalmente, ellas acuerdan darle un corte definitivo y denunciarlo públicamente por internet; y ambas hicieron llegar mensajes a sus amistades -otras féminas incuestionablemente bravas-, con los respectivos descargos y disculpas congregacionales de los pastores responsables del cupidísimo ungido.
¿Pero me creerán Uds. que el perla mencionado siguió llamando? La chilena de plaza Italia para abajo me comentó que él regresó a su desértico norte chileno, enviado por su congregación a abrir obra cerca de Calama, pero quiso probar si ella estaba disponible para irse con él para tener todo listo de una vez: congregación, casa, y mujer que lo atienda; claro que la llamarían "Pastora", por ser la esposa del Pastor (promesa de casorio, obvio).
Qué bueno que el teléfono desde Santiago a Calama no llega donde ella hubiera querido, o el pobre pastorcito solidario de féminas convertidas solitarias no habría podido sentarse en mucho tiempo.
PALOMA TORCAZA

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